sábado, 3 de septiembre de 2011

LITERATURA O GRAMÁTICA


(MNAC)

«¿Pero quién decide y se empeña en mantener durante el proceso de enseñanza de la lengua ―al margen de la estupidez constante de la estructura y composición del examen de selectividad―, que es necesario potenciar el estudio y análisis gramatical frente a la lectura de la literatura y a la práctica literaria?
¿No se trata de enseñar a leer y a escribir a los alumnos, y a que puedan crear y pensar de esa forma?
Y entonces, ¿a qué narices viene y sirve tanto análisis sintáctico por parte del alumnado que ni siquiera es capaz de entender lo que está desmenuzando y diseccionando con tantas cajitas y arbolitos de complementos y predicados?
¿No sería preferible que los alumnos lean y sepan expresar, razonar y escribir sobre lo que han leído, antes de saber si la oración que observan es una subordinada adverbial?
¿No tenemos ya en nuestras escuelas suficientes analfabetos literarios que son capaces de diseccionar la sintaxis de una frase o descifrar sus componentes gramaticales, pero que son incapaces de leer en voz alta o comprender el significado de lo que han leído?»


«¿Por qué no suspender el abstracto estudio gramatical de las lenguas hasta el último año de la enseñanza escolar y ejercitar al niño en la continua práctica de la espontánea y libre expresión de su pensamiento, práctica tan olvidada entre nosotros, donde los niños apenas piensan, y los que piensan no saben decir lo que han pensado?» 
(Manuel B. Cossío, año 1879, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza)

martes, 30 de agosto de 2011

TROZOS DE CONCHAS ROTAS Y PIEDRAS CON AGUJERO

(De mis nubes)
 
«Algunas veces, ni los fumareles pueden decidir a dónde desean volar.»
 
 
(mi amada, feliz y hermosa, dejaba hoy estos parajes del sur)

miércoles, 24 de agosto de 2011

MISERIAS CORDOBESAS


(El recodo)

Imagino la perplejidad producida en el ánimo de muchos al saber que una antigua ministra de cultura ha mostrado su rechazo más extremo a presentarse a las elecciones como cabeza de lista por Córdoba, si en dicha lista aparece también una actual y efímera ministra de medio ambiente que, también y sin vergüenza alguna, desea que la propongan para tal puesto.
La primera hace años que abandonó el tarro de la miel y la segunda, tras su deserción política a cambio de diversos cargos públicos consecutivos y sucesivamente importantes, poco tiempo parece que pueda permanecer arrimada a tal negocio.
Sin embargo, lo que no me sorprende es el aspecto carroñoso desprendido de la versión del partido de ambas perlas, que se ha apresurado a desmentir que aquí se hubieran adjudicado ya los puestos de salida en las listas electorales y señala que la opinión de la ex-ministra resulta precipitada.
¿Alguien puede creerse a estas alturas que en las cavernas de los partidos no estén ya, día a día, repartiéndose los despojos del negocio electoral a espaldas de los ciudadanos?
No acierto a comprender qué es más vergonzoso, si la greña politiquera de ambas señoras o el cinismo de la versión del partido.

jueves, 11 de agosto de 2011

DESAGREGAR (17-XII-2010)

(MNAC)

«Entonces me llamó mientras yo estaba en el hospital.
―¿Qué puedo hacer por ti? ―me dijo― ¿Puedo ir a verte, llamarte, mandarte unas flores?
―Lo mejor que puedes hacer es dejarme en paz ―le dije, añadiendo luego con certeza―: Lo nuestro ha terminado. 
―No me hagas esto ―dijo él suplicante y entonces fue ella la que saltó al no aguantar más―: ¿Que no te haga qué? Soy yo la que está recién operada. ¿Cómo te atreves a decirme eso?
Apoyada en la barra de aquella improvisada cafetería en la inmensidad del vestíbulo del edificio de la Ciudad de la Justicia, mordió generosamente su croissant y siguió hablando, con la boca bien llena, como si tal cosa:
―Me ha desagregado del Facebook. Ha desagregado a mi madre. Ha desagregado a mis amigos. Y, encima, pretende decirme que lo nuestro no ha terminado.»


Aunque, tras observar alguno de los esbozos saharianos de Charles de Foucauld, deberíamos empezar a preguntarnos:
¿Hasta dónde pueden llegar nuestras majaderías?   

viernes, 5 de agosto de 2011

EL CIELO

(Lokitaung - Turkana)

«Tanta preocupación diaria, hipócritamente esgrimida mediante una queja artera y constante; tanto recuerdo bastardo dirigido a destruir una infancia de amor, para corromperla inútilmente con la impostura; tanta referencia manipulada a un pasado artificial, para no asumir nunca la responsabilidad del presente; tanta cantinela recurrente sobre nuestros dolores y falsos traumas del ayer, escupida como chantaje afectivo a quien nos ama; tanta ausencia de humildad…
…y resulta que, en la soberbia, habíamos olvidado la inmensidad y soledad del cielo en la noche de África, desde el corazón de un niño, en el mismo lugar en que nació el hombre.»  

miércoles, 27 de julio de 2011

PALABRAS

 
«Las conversaciones que mantenían entre ellos eran aún más difíciles de entender, pues los sarakatsánis usan un vasto y críptico vocabulario para cualquier minucia o invocación: las diversas clases de fuentes de agua y cualidades de la hierba, la construcción de sus chozas, el sonido de los badajos y la crianza de corderos y cabras, caballos y perros pastores. También utilizaban sus propias expresiones para todo lo referente al cuidado de los moruecos, la cría de las ovejas, el esquile, el ordeñe, el transporte de cestos, la búsqueda de rutas, los pesebres, las acampadas, la previsión del clima y, en definitiva, para todo lo que configuraba su mundo.» [Ж]


Ж PATRICK LEIGH FERMOR, «ROUMELI – Viajes por el norte de Grecia», Ed. Acantilado, Barcelona, junio 2011, 1ª edición, pág. 26.

NOMBRES


No hay otra causa que una simple falta de identidad. Las cosas, los lugares, las dependencias de una casa, las descripciones, parecen carecer de sentido, y todos, en su conjunto, pueden cambiar su denominación, su concordancia o su alma. Es por la forma, por la manera como decidimos llamarlos.
Los cuartos de esta casa de silencio han sufrido de manera indecible sus cambios de identidad. Pasaron de ser lugares de acción a espacios identificados por el nombre de personas, nombre que iba cambiando en función de cada época. Más tarde, según avanza el sonido del tiempo, sus nombres vuelven a trastocarse convertidos o rebautizados en nuevos lugares ya conocidos y que, sin embargo, se ven obligados a soportar otra luz, nuevas miradas, otros usos.
Andando el tiempo, aparecen descripciones dormidas que el lápiz quiso fijar con los nombres de otras épocas, de otras vidas:

«Una manguera enganchada al difusor frente a la higuera, parte en dirección al durillo del dolmen de los Picapiedra y alcanza el aligustre pequeño. De allí, sigue hasta una llave de paso semienterrada ante la morera de la chistorra, en donde forma una T. Una parte llega al Bancal de Hierbas, que hoy es fresal. Otra, que es línea nueva, sigue hasta el roble, el cerezo, el albaricoquero y el níspero, terminando en el pruno de los enanos, en donde se levanta colgando para refrescar el euoynimus.»  

Los lugares y las cosas deben conservar su nombre.